Mayoría de asesinos son mareros, según análisis

A sus 70 años, no es posible que Napoleón Flores fuera miembro de alguna pandilla a pesar a que vivía en un lugar con alta presencia de esos grupos. Sin embargo, el 10 de mayo, al amanecer fue asesinado por pandilleros que lo llegaron a acribillar a su casa, en el cantón El Copinol, en Zacatecoluca, un lugar dominado por pandilleros de la 18 Revolucionarios. Aparentemente, creyeron que colaboraba con las autoridades.

José Santos Reyes, con 65 años de vida, tampoco era parte de pandillas. Pero el 17 de mayo, miembros de esos grupos llegaron a matarlo mientras estaba descansando en una hamaca dentro de su vivienda en la lotificación El Chilamate, en Jiquilisco.

En este caso, las hipótesis son dos: o los asesinos creyeron que daba información a la Policía o se resistió a pagar más de lo que ya pagaba de renta por una tienda que tenía en su casa como forma de ganarse la vida. Reyes también había emigrado de la colonia Juan Bosco 2, en Usulután, dominada por la pandilla 18, hacia Jiquilisco, donde la mara Salvatrucha predomina. El mismo día que mataron a Reyes, en la colonia Las Flores asesinaron a un joven identificado como César Obdulio Valles Hernández.

Obdulio, a pesar de tener 18 años, tampoco era marero. Al contrario, era un joven que en Jiquilisco era conocido porque le gustaba "rebuscarse" como comerciante. Eso mismo dicen policías locales. No obstante, el día que lo mataron, no faltó quiénes dijeran que había sido por rencillas de pandillas. Es lo mismo que sucedió con dos personas asesinadas en colonias de la periferia de Sonsonate que son disputadas por la MS y la pandilla 18. "No hay quien no tenga algún familiar marero" Durante la investigación realizada, hay lugares cuyos habitantes, en especial quienes están entre los 15 y 40 años, tienen que cargar con el estigma de ser mareros o pandilleros por el hecho de vivir en colonias como La Belén, La Castro, en Sonsonate; la Gaviota o El Chilamate de Jiquilisco o cantones como El Maneadero o San José Los Lotes, en Zacatecoluca.

Incluso hay lugares a los que la misma Policía pidió no entrar sin acompañamiento policial "porque allí solo pandilleros hay". A pesar de las advertencias, un equipo de EDH ingresó a algunos de esos lugares en los que grupos de jóvenes en esquinas y los gigantescos grafitis infunden temor a los foráneos. Pero luego de una rápida incursión, el equipo salió con la certeza de que no todas las personas que son asesinadas en esos lugares pertenecen a pandillas, aunque la mayoría de los verdugos sí lo son. Allí hay gente honrada. La mayoría tal vez.