Nahuaterique:
a 25 años del fallo

Con la sentencia cientos de salvadoreños quedaron viviendo en una tierra ajena que ahora le pertenece a Honduras. La pobreza y las necesidades abrazan a estos compatriotas que claman por ayuda.


Viernes 11 de septiembre de 1992. desde entonces, en el cantón de Nahuaterique parece que el tiempo va muy despacio, algunos de sus pobladores consideran que se ha detenido. Después de 25 años, las condiciones de vida de sus habitantes siguen siendo las mismas: habitan en pobreza, manipulados por el poder político y con casi nulas las esperanzas de un futuro mejor.

Nahuaterique es una de los seis territorios que pertenecían a El Salvador y que tras un fallo de la Corte Internacional de Justicia de la La Haya, con sede en Holanda, pasaron a formar parte del mapa geográfico de Honduras, no sin antes protagonizar una controversia limítrofe de un debate legal que remonta desde octubre de 1976 en Washington, Estados Unidos.

El documento oficial con título: “Tesis Nacional de El Salvador”, data el inicio del conflicto en 1740, cuando se dieron los primeros reclamos territoriales por parte Honduras, dirigidos en esa ocasión a la corona española. En 1821, ambos países, se reunieron 30 veces para tratar de resolver sus problemas limítrofes.

Tras el fallo, El Salvador perdió 446 kilómetros cuadrados de las zonas de Tecpangüisir, Las Pilas, Arcatao, Polorós, Goascorán y Nahuaterique. Lo que corresponde a un 70 por ciento del territorio en disputa. A la fecha, Nahuaterique sigue igual, al menos en apariencia, igual que hace 25 años.

Ese viernes en las portadas de los periódicos mostraban un fraternal abrazo los ministros de Defensa de ambos países. Como una señal que el litigio no traería un conflicto armado de los que habían ocurrido en los dos países.

El ambiente que se respira hoy en la zona es el mismo, según sus habitantes. Sus calles siguen siendo de tierra y su clima sigue siendo frío. En noviembre y diciembre alcanza los 2 grados centígrados, a veces menos. El abandono aumenta esa condición.

La educación y el desarrollo apenas asoma en Nahuaterique. La casa que fue el lugar en donde, durante los primeros años tras el fallo, se mantuvo alimentado el ideal de integración entre ambos países, luce ahora descuidada.

En las afueras yace, corroído por los años, un automóvil blanco, un todo terreno. Se ha convertido en el reflejo de la falta de apoyo a esa tierra olvidada. Los recursos ya no son suficientes para combustible o mantenimiento.

Como en ese carro, que solía servir para transportar la ayuda que llegaba a la zona, el abandono es palpable en todas partes y se vuelve más evidente en las casas y estructuras, en los rótulos y señales que dan la bienvenida al viajero. En la vida de sus habitantes que no tienen mucho a qué aspirar.

Los pobladores de Nahuaterique habían vivido doce años de una cruenta guerra entre el FMLN y la Fuerza Armada de El Salvador. En ese tiempo ambos bandos provocaron mucho daño a los habitantes de la zona. Eran víctimas de robos y agresiones.

Domitila y Maximiliano son de las pocas parejas de esposos que vivieron en aquellos días de incertidumbre. Aseguran que continúan pobres después de 25 años. Recuerdan muy bien que esa mañana de septiembre se durmieron salvadoreños y amanecieron hondureños.

En los alrededores de su comunidad pasaron camiones cargados de soldados de la Fuerza Armada hondureña.Sus vecinos estaban temerosos y muchos presagiaban que otra guerra estaba a punto de comenzar. El fallo ocurrió unos meses después de la firma de los Acuerdos de Paz.

La pareja de ancianos aún se niegan a sentirse hondureños, al igual que muchos habitantes de Nahuaterique que rondan su edad, incluso los más jóvenes. Ese sentimiento se esparce hasta quiénes rondan los 40 años, más o menos. Domitila relata que el fallo los dejó con menos esperanzas de superación. “Nos vendieron como gallinas, con todas nuestras casas, milpas y los terrenitos ”, asegura la anciana.

Jose Abelio Rodriguez junto a su familiar los cuales viven actualmente en el caserío El Zancudo.


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