La bahía de Jiquilisco, el estero de Jaltepeque, las lagunas de Olomega y El Jocotal, el lago de Güija, el humedal de Cerrón Grande y la barra de Santiago son sitios donde los salvadoreños y turistas extranjeros suelen ir para disfrutar del paisaje, comer pescado y otros mariscos, navegar o darse un chapuzón.

Pero la belleza de estos lugares está siendo degradada por la actividad humana y por el Cambio Climático.

Sedimento, basura, aguas residuales –con coliformes fecales-, incendios y deforestación, no solo restan belleza a sus paisajes, sino que también contaminan estas joyas ambientales en potencia.

Los sitios mencionados son el aporte de El Salvador a la lista de los llamados sitios Ramsar.

Ramsar es una ciudad iraní a la orilla del Mar Caspio. Ahí, en 1971, 18 países firmaron la “Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas”.

Los humedales que adquieren la categoría de sitios Ramsar son considerados “humedales de importancia internacional”.

En El Salvador se han hecho esfuerzos por preservar y restaurar estos sitios. Pese a ello, al visitarlo, es evidente que no han sido suficientes. Faltan recursos para evitar la tala que ocurre en horas nocturnas.

Faltan plantas de tratamiento para que las aguas residuales no sean descargadas sin ser tratadas en los esteros.

Y falta controlar las especies invasoras –Jacinto y pato chancho- que son el dolor de cabeza de los pescadores.

Este es un recorrido por los siete humedales más importantes que El Salvador ofrece al resto del planeta. Esperamos que sea una invitación a continuar los esfuerzos para conservarlos y una oportunidad de escuchar las voces de quienes viven a su alrededor, los más afectados por la degradación ambiental.